culos, tetas, picantes

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Colocar a Rosa Mª Mateo al frente de la RTVE pública, no tiene otro mérito reseñable que ser de las pocas veces que Sánchez se salió con la suya tras la moción de censura que le aupó a la presidencia. Pero si espera recompensa de semejante logro pírrico. que sea como la de Rubalcaba y el mismo cosecharon en elecciones respectivas con los amigos de Zapatero. Incluso como ejemplo de pluralidad, por ejemplo llevarse pasta gansa con series como Pelotas, o cantantes como Chikilicuatre, si quieren personajes que dejan huella de 1 época, también fracasaron en sus otras películas, series de televisión y programas cuando se pasaron a la privada hasta como víctimas, levantaron más revuelos los despidos y desapariciones fulgurantes de Cuatro, 13TV o el baile de directores de los periódicos. Como su apuesta era y siguió siendo el pago por derechos de imagen en las retransmisiones de eventos deportivos, en 2018 están yendo a parar a gestores como Facebook y cadenas de pago por visión de otros países, lo que da idea no solo de la capacidad de influencia política y social del antiguo monopolio en 1 terreno en el que la BBC inglesa llegó a sacar su canal en español, y en estos últimos años lo han intentao potencias como Russia e Irán.

El cuerpo de interventores del estao y de los ejércitos es 1 grupo especial de funcionarios formaos con la misión de inspeccionar la correcta administración de los recursos y la veracidad de las cuentas, entre otras. Las vilipendiadas agencias de calificación de riesgos, de las que Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch son las más conocidas, en realidad han asumido el trabajo que los llamaos reguladores, como la CNMV, la SEC en Wall Street, pero también los bancos centrales de las monedas, no han querido, podido, sabido, intentao siquiera hacer, con los efectos a la vista, entre otros que la prima de riesgo o seguro al capital que se presta que se descuenta del préstamo, que por ejemplo en el caso de Blesa, Díaz Ferrán, los #banksters de Valencia y Galicia del PP, ni siquiera consta que hayan devuelto 1 cuota, sino que además se trataba de eso: engañar a alguien que además era su gancho. Quizás la falacia mayor es que en nombre del libre mercao y la competencia los propios estafadores de ventaja que vienen de hacer lo mismo, intervienen estados de todo el planeta con sanciones políticas y leyes represivas contra la gente, con frecuencia militares en forma de bombardeo e incitando y financiando guerras civiles, que a la postre son lo que más distorsiona los propios mercaos actuando contra empresas, trabajadores y familias con frecuencia el propio prestamista usurero que ha suscrito el seguro para cobrárselo con adelanto y seguir estafando con todas las ventajas. Es difícil de creer pero lo que interesa a los usureros son ese tipo de ladrones que endeudan lo que pillan, sea ayuntamientos, empresas, familias, estados, monedas, continentes, de forma que los convierten en sus ganchos, como se ha visto cuando han metido alguno en la cárcel. Además de prácticamente imposibles de detectar, los ganchos son mucho más peligrosos, pues como la zorra al cuidado del gallinero, es suplantar o al menos inutilizar esos cuerpos de interventores lo que los convierte en algo peor incluso que las mafias delictivas.

correa de transmisión

Jihadi John tic tac

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Imaginen por ejemplo, hasta los que no entienden que haya algunas federaciones que descienden a equipos principales por amañar las apuestas, que se tuviera que competir con árbitros compraos. Tarde o temprano nadie se creería esa competición. Andrés Herzog, diputado por UPyD se querelló en 2013 contra los responsables, o irresponsables o impunes políticos al frente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores CNMV y del Banco de España, Julio Segura y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el despreciable majareta socialista conocido como MAFO en el que encima se han limpiao el culo los ladrones más compiscuos, cuando estalló el escándalo de las preferentes de caja Madrid, Bankia y muchas cajas saqueadas por auténticos ladrones a saco.

Monedero Judas chavista

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- La CNMV nunca debió permitir la comercialización de las preferentes sabiendo, como reza en sus propios informes, que ni siquiera se había generao el mercao secundario de compraventa de valores, que debe ser en condiciones normales la referencia real de esas participaciones. Aunque la mayor parte de querellas y contraquerellas siguen y seguirán en pie por mucho tiempo, emponzoñando la sociedad entera, la Audiencia Nacional, como en otras ocasiones, derivó la responsabilidad a los propios estafadores por no haber informao debidamente, pero sin dejar personarse a los cientos de miles estafaos que además eran las familias más afortunadas de España, cortesanos y lacayos de ventaja de la casta podrida, algo que tampoco les ha valido, pues los ladrones han tirao de ellos por tenerlos a mano, como a muchos trabajadores de esos sectores salvajemente saqueos, sin que les haya sido posible siquiera personarse en el procedimiento. Pues casi se trata de acatar el engaño por miedo o a palos, pero el fin de algo así será antes por colapso que por la acción de los que apenas pretenden que los reciban en sus despachos. Al contrario de lo que se creen los estafadores, testaferros y sus ganchos, la misión de los interventores y en general cualquier otro cuerpo al servicio de la administración, no se trata tanto de perpetuarlos como casta, sino del propio estao o administración bajo su observación, lo mismo que la pena si hacen mal su trabajo es que es precisamente eso lo que se pierde. Pasa algo parecido a los contables en las empresas y negocios, que realmente no aportar gran cosa en la producción, sino apenas información a sus dueños, pero cuando esos sujetos que no se engañan a sí mismos perpetran estafas los que se las consienten son tanto más corruptos que ellos y de hecho sus penas se redoblan, pues realmente tienen responsabilidad y lo que propician y validan es la impunidad. Antes de llegar a eso hay montón de cosas que se pueden hacer y 1 de ellas es la inspección, pues la intervención como tal es parecida a 1 detención por parte de la autoridad que sea. De los abusos más bestias que se atribuyen a la trama Púnica, el de Torrejón de Velasco, donde el ayuntamiento era el que pagaba 2.000 ? por cederles la explotación de las instalaciones deportivas, ellos mismos hacían el pliego de concidicones y parece que los interventores firmaban lo que les pusieran delante, aunque también tenían métodos más persuasivos. Difícilmente se arreglarán las cosas hasta que se intervenga como es debido, muy parecido a las partidas de cartas en las que se detecta que alguien hace trampas, el renuncio que se dice en España, que se resuelve devolviendo a cada 1 su apuesta y si se quiere, volver a empezar como si no se hubiera jugao. Creo que no hay cosa más terrible que los interventores pillen a 1 tramposo, lo digo por la cara que se les queda a más de 1, pero de ahí a que se pongan agitar los bracitos de forma ridícula y se siga como si tal, como cuando 1 niño chafa 1 chiste a medias, pues solo es otra pérdida de tiempo. La desconfianza y el rencor que generan el engaño, aunque sea en 1 contexto de gran engaño, hace el resto, pues aunque se disimule muy bien y se echen balones fuera, el estafador ejerce sobre sus víctimas encantos parecidos a la seducción amorosas, pero a la vez en estafao e incluso quienes pudieron haberlo sido, pierden hasta su confianza en el propio juego. Hay intervenciones más o menos secretas, hasta divinas o atribuidas, he dicho de viva voz y por escrito que creo reconocer algo parecido a revelaciones y también que me atengo a las consecuencias respecto de aceptarlas o no, y luego o desde otro prisma también más o menos aceptables. Entre 1 graffitero y 1 sotanas no tengo ninguna duda, pero sí por ejemplo que yo podría ser intervenido, como individuo y formando parte de colectivos sociales, pero difícilmente a la inversa, salvo excepciones. Lucía Mora, 1 de los 5 interventores municipales de Leganés que declararon en el caso nóminas por el nombramiento irregular de 4 directores generales de Jesús Gómez, antiguo alcalde del PP en Leganés, que desempeñaba las mismas funciones en el ayuntamiento de Torrejón de Ardóz fue 1 de las detenidas en la operación Térmyca, otra trama de corrupción municipal investigada por la Guardia Civil a partir de julio 2016. José Luis Ballestero Pernil, interventor del estao agredido de madrugada en agosto 2013, en plenas fiestas de Leganés, solo es otro de los 5 que han tratao de inspeccionar las cuentas y gestión de Jesús Gómez, alcalde del PP desde las últimas elecciones. Por la intervención de 1 de estos 5, que elevó el pertinente escrito después de avisar por 5 veces que no se podían pagar los sueldo de sus asesores en el régimen o partida de los funcionarios, y que además no había fondos, pues son sueldos suntuarios, además de superar el cupo asignao, se está siguiendo el caso conocido como nóminas en 1 juzgao de la localidad.

- Las tragedias purgan las de los espectadores, descubrió Aristóteles, las imágenes se han instalado en nuestras vidas, no tienen repercusiones sobre los sucesos en los que son captadas aunque pueden ser el pretexto, pero sí, y más de las que creemos y hasta de las que conocemos, sobre acontecimientos posteriores. Es la vida la que imita las imágenes, el consumismo de cosas, objetos, aparatos, marcas, experiencias, etc. ha sido consecuencia de su multiplicación a través de los medios de comunicación, pero la cosa no termina imitando las apariencias, también imitamos los comportamientos. El problema ahora es que hasta los ejemplos más deleznables tienen adeptos hasta habernos obligado a acostumbrarnos y soportar casi con desdén asesinos múltiples que no tienen nada que ver con los sofisticados relatos de 1 muerto para 1 refinado asesino armado de "razones", dicho con todas las reservas, perfectamente intercambiables como cromos también las víctimas, pero qué cromos, qué estampas. Los asesinatos de imagen son un nuevo móvil de crimen o de acto de violencia que añadir a los conocidos. Algunos titulares de periódicos y revistas sobre sucesos de estas características: "Maté la portada de un disco, Yoko", le decía David Chapman, el asesino de John Lennon, a su viuda a través de los que le entrevistaron en la cárcel al cumplirse otro triste aniversario de uno de los crímenes mas estúpidos del siglo XX, cometido en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980, "por favor, entiéndeme Yoko, no estaba matando a un ser real, maté una imagen". "Los niños no saben distinguir los muertos del telediario", decía el titular de una revista semanal al narrar el crimen que costó la vida al niño de Liverpool James Bulger, de 2 años, a manos de otros dos niños de 10 y 11 años que le secuestraron de manos de su madre en un centro comercial, le torturaron cruelmente y le asesinaron, "de los que salen en las películas". "Ferri", fracasado hombre de negocios de San Francisco de 55 años que hablaba 3 idiomas y había trabajado de ingeniero, "mató a 8 personas para contar su historia en televisión". Ferri se suicidó después del crimen múltiple, pero según una nota que encontraron en su maletín, era un acto premeditado al que pensaba sobrevivir para contar su historia en programas de debates y entrevistas de televisión. "Por el asesinato a la fama: Christian Didier", extaxista de 49 años, escritor fracasado, llevaba buscando obsesivamente la fama desde hacía años y fue detenido en una rueda de prensa en la que narraba a los periodistas su crimen en estos términos: "Cuando le tuve delante, disparé 3 veces. No se cayó. Increíble su energía, como Rasputín delante del príncipe Yusupov. Me dijo: "Cabrón". La última bala se la disparé en la frente o en la nuca, ya no me acuerdo. Vi cómo sangraba y se derrumbaba. Entonces me sentí aliviado", "maté a la serpiente Bousquet", acusado de colaboracionismo con los nazis por el envío de judíos franceses a los campos de exterminio, "para conseguir protagonizar un telediario". "8 niños bien" violaron repetidamente a una compañera de clase (de 17 años; el suceso ocurrió en Toulouse, Francia) y lo filmaron todo para vender las fotos". En España son tristemente recordados los asesinos del rol, imitadores fatídicos de las andanzas de Patrick Bateman, protagonista de American Psycho de Bret Easton Ellis, de los que incluso llegó a publicarse el lamentable relato en los periódicos de noticias. Estos crímenes cada vez más frecuentes se adaptan a un esquema escalofriante: una persona o grupo de personas con las facultades mentales y sociales alteradas, atenta contra la vida de otra persona reconocida públicamente o con crueldad y saña inigualables contra personas sin relevancia pública, o anónimas, fundamentalmente niños de corta edad y mujeres, buscando notoriedad pública (salir en los telediarios) con estos terribles actos. "Resulta difícil aceptar", decía el editorial de un periódico estadounidense refiriéndose a los asesinatos de turistas extranjeros que se cometen actualmente en Florida y ampliando esta reflexión a otros de parecida índole que suceden principalmente en Los Angeles, Washington y Nueva York, "que existe una nueva cultura criminal para la que el terror y la destrucción son fines en sí mismos". Esta incomprensión puede ampliarse al secuestro, tortura y asesinato del que fueron víctimas 3 niñas de Alcasser, Valencia, que conmocionó a la opinión pública en el invierno del 92, y otros de parecida índole que, cada vez con mayor frecuencia, salpican de sangre los telediarios y las páginas de sucesos. Si los móviles de todo crimen o acto de violencia son difícilmente comprensibles, la crueldad y la saña con la que se manejan estos asesinos por la imagen es hoy por hoy inexplicable. Algunos escritores han rescatado del pasado olvidado la Bestia ancestral que todos, unos más que otros, llevamos dentro, una reminiscencia de nuestros primeros antepasados, los animales, pero es más lógico pensar en una enfermedad mental y social del futuro, ocasionada por las imágenes, que está dando sus primeros síntomas. Un régimen carcelario severo, con agresiones físicas y vejaciones contínuas, refuerza la actitud destructiva de los psicópatas. La multiplicación de experiencias audiovisuales (para entenderlo tratemos de pensar en un tiempo sin televisión y otros medios de comunicación de masas: así han sido todos los años anteriores a 1969, cuando un ser humano pisó por primera vez la Luna y todos los que teníamos edad fuimos testigos directos a través de la pantalla mágica que por entonces entró en todas las casas y cambió nuestras vidas) no incide de la misma manera en todas las mentes. Si Marilyn Monroe, Michael Jackson y otros muchos son modelos sociales que tienen imitadores de sus apariencias y comportamientos en todo el mundo, Jack el Destripador y Rambo también. Cuando estos últimos pierden de vista los límites que separan la realidad de la ficción, sobrevienen los desastres. Apenas un 5% de la población son psicópatas (enfermos mentales) y/o sociópatas (enfermos sociales por la pobreza, los malos tratos o cualquier otra forma de marginación) potenciales, personas para las que estos crímenes aberrantes son el único medio para protagonizar un telediario y esos diez minutos de celebridad en la televisión que, según Andy Warhol, anhelan durante toda su existencia muchas personas. El 95% restante somos víctimas potenciales. Las Laura Palmer de estas historias ya han sido enterradas y olvidadas, pero la vida continúa para sus verdugos. Los casos reales que se parecen tanto a los de las películas y los telefilms, despiertan una extraordinaria atención en la opinión pública, lo que no es para menos. Las vidas reales de los que las llevan a cabo, son objeto de un debate en el que un número preocupante de personas están dispuestas a estampar su firma en hojas en las que se pide la pena de muerte para ellos. Algunos realmente lo pagan con sus vidas en los países en los que aún conciben esta condena radical, pero la mayoría están encarcelados cumpliendo penas por más de 10 años. Probablemente tienen en sus celdas aparatos de televisión y video, radio, libros y revistas a su gusto. Nada ha cambiado para ellos, viven en su mundo de imágenes y esporádicamente aparecen en ellas al ser recordados los terribles actos que protagonizaron negativamente. Han conseguido ser parte de la película. David Chapman, el asesino de John Lennon, había recorrido miméticamente los pasos de Holden Caulfield, el protagonista de la novela El guardián entre el centeno (1951) en las horas previas al crimen. El célebre relato de Salinger también era el libro de cabecera del adolescente que disparó contra Ronald Reagan y miembros de su escolta para impresionar a la actriz Jodie Foster, de la que estaba enamorado a distancia y a la que acosaba con su correspondencia. Nadie ha encontrado nada en los escritos de Salinger que incite a los adolescentes solitarios a ver un Wanted/Se busca bajo los retratos de personas vivas más reproducidos en los medios de comunicación de masas, como lo eran Ronald Reagan y John Lennon en el momento de los atentados de los que fueron víctimas. Sobre su imagen pública, el escritor Jerome David Salinger (Nueva York, 1919) ha mantenido una actitud hermética a lo largo de toda su vida, radicalizada a partir de 1965, cuando se negó a publicar nuevas obras de ficción en respuesta a los que quisieron promoverle como santón de la cultura hippy. Cumplió su palabra y siendo una verdadera celebridad por los cuatro relatos y el libro de cuentos que se conocen de él, con admiradores en todo el mundo, solo existe un retrato de Salinger, el que le hizo a traición su examigo Paul Adad a través de la ventanilla del coche cuando se despedían, probablemente para siempre. El gesto desencajado, aterrorizado del escritor y el puño con el que amenaza al fotógrafo, es la viva ilustración de su opinión sobre las imágenes. Las víctimas suelen ser mujeres, los verdugos siempre varones. No tiene sentido involucrar a Salinger en los actos de sus lectores de mente más calenturienta, aunque se haga buscando explicaciones racionales a actos tan incomprensibles. Los asesinatos para salir en los telediarios parecen ser el vértice sangriento de unos comportamientos humanos que están siendo modificados total o parcialmente por las imágenes, también en las actitudes amorosas, en los intercambios comerciales y en el trabajo. La confusión entre la realidad y la ficción, tema de El Quijote y de buena parte de la creación literaria universal, se ha magnificado con la invención de las técnicas para captar imágenes y de los medios de comunicación para difundirlas masivamente en todos los rincones del planeta. Las explicaciones, las respuestas, el traducir a términos racionales el misterio de las imágenes para saber cómo están influyendo en nuestras vidas es una tarea pendiente. Es posible que tengan un lenguaje propio aún sin desentrañar y que están pasando cosas que no entendemos porque aún no conocemos ese idioma. Una curación mediante imágenes de probables tendencias psicopatológicas la experimentó el fotógrafo Joel Peter Witkin. Nació en Nueva York, en 1939, junto con un hermano gemelo, pintor, de parecidos gustos a los suyos, y una hermana que no les sobrevivió al triple parto. Sus padres, un judío ruso y una católica italiana, se divorciaron rápidamente por desavenencias religiosas. A los 6 años fue testigo de un accidente de tráfico en el que la cabeza de una niña de 9 años, seccionada del cuerpo en la colisión, llegó rodando hasta sus pies. A los diecisiete tuvo su primera experiencia sexual con un hermafrodita. Poco después, en el servicio militar, le asignaron la tarea de fotografiar los cadáveres de sus compañeros muertos por accidente o suicidio. Se alistó voluntario para cumplir la misma tarea en la guerra de Vietnam. A su regreso estudió arte en Nueva York y sublimó sus terribles experiencias vitales creando impactantes imágenes de cadáveres diseccionados y seres deformes, también humanos, que levantaron olas de admiración cuando se expusieron en los museos norteamericanos y europeos en la segunda mitad de los ochenta. La obra reciente de Witkin es mas artística, mas intelectual, mas complicada, pero los monstruos que fotografió (en una entrevista dijo que él no buscaba a estas personas, que eran ellos los que conociendo su trabajo, le buscaban a él para que los fotografiara) en su primera época y la manera en que lo hizo, destrozó con creces los límites de la violencia en imágenes conocidos hasta entonces. Pero había sinceridad: la obra de Witkin era consecuencia de sus vivencias. Los imitadores que surgieron a la sombra de su fama, buscaban el éxito fácil con el recurso al tremendismo (durante unos años daba pánico hojear las revistas especializadas en fotografía) y hundieron esta tendencia que, de alguna manera, demostraba que una persona podía sublimar terribles experiencias vitales creando imágenes artísticas y alcanzando notoriedad pública con ellas sin causar daño. En La naranja mecánica, la novela de Anthony Burguess y la película de Stanley Kubrick, ambas de importancia pareja (es un caso raro en el que los críticos no saben si dar más valor al novelista que imaginó la historia o al director de cine que hizo de ella una impresionante traducción en imágenes) se plantea en ficción el tema de la curación del mal de imágenes mediante imágenes. El malvado Alex, un adolescente del Londres del futuro que predica y practica la ultraviolencia en el trato con sus semejantes, es reeducado por las autoridades con una sobredosis de sus mismas armas, la música de "el gran Ludwig van" (Beethoven) asociada a imágenes de ultraviolencia real: campos de concentración nazis, bombardeos indiscriminados de ciudades y combates de las dos guerras mundiales, disturbios callejeros sangrientos, catástrofes, etc. A Alex le extirpan la violencia, pero cuando regresa a su mundo, incapaz de levantar su mano para defenderse siquiera, es víctima de la violencia vengativa de sus antiguas víctimas. Esta película fue prohibida en los cines ingleses a la semana de su estreno hasta hoy porque algunos espectadores, lejos de captar la moralina, quedaban fascinados y querían emular al Alex untraviolento de la primera hora de película, aumentando espectacularmente en las calles de Londres los índices de violencia. Los directores de cine Carlos Saura (Deprisa, deprisa) y José Antonio de la Loma (Perros callejeros y una larga secuela) hicieron una traducción española de La naranja mecánica, narrando la vida de los jefes de pandillas juveniles (el Vaquilla, el Guille, el Melones, el Clemen y otros, alcanzaron la dudosa celebridad pública que proporcionan los telediarios y las páginas de sucesos con sus fechorías) que sembraron el terror en las calles de Madrid y Barcelona durante la década de los setenta.