En propiedad son “cardos” plantas de varios géneros de la familia de las Compuestas (Compositae) que comparten la peculiaridad de tener hojas, ramas y brácteas (hojas modificadas en tamaño, forma, color y consistencia que se encuentran junto a las flores) espinosas. El cardo mariano (Silybum marianum) es el más fácil de distinguir por las franjas blancas que se reparten por sus hojas de color verde intenso.
Según una leyenda antigua, en la huida de Belén la Virgen María se paró a dar de mamar a Jesucristo al borde de un camino y las manchas blancas del cardo mariano son las gotas de leche que se le derramaron, de donde toma el nombre este cardo peculiar. Es una planta bianual que un año brota echando un gran rosetón a ras del suelo de hojas combadas con bordes espinosos y el otro crece formando un largo tallo rematado con flores de color púrpura. Ambas variantes pueden coincidir en la misma temporada y en la misma zona. Aunque no deja de ser una bestialidad, en la fase de rosetón del cardo mariano se puede extraer de su corazón algo parecido a una alcachofa de pequeño tamaño que se puede comer in situ teniendo mucho cuidado de limpiar las espinas al pelarla, pues de otra forma el cardo mariano se puede vengar en la garganta del agresor. Las similitudes del cardo mariano con la alcachofa (Cynara scolymus), otra planta de la familia de las Compuestas, son tanto en la forma como en los efectos benefactores para el hígado.
Las hojas frescas del cardo mariano se pueden consumir como otras verduras silvestres, pero en los preparados químicos curativos se utilizan las semillas molidas, que se extraen fácilmente y en apreciable cantidad de las flores secas. También se pueden preparar en infusión. Forma parte de la tradición popular la creencia, respaldada por la experiencia, de que esta planta es de extraordinario valor para resolver o paliar los problemas que afectan al hígado y a la circulación de la sangre por este órgano vital. La ciencia ha comprobado que el cardo mariano es un protector del hígado de uso muy seguro, pues no tiene toxicidad ni contraindicaciones, y restablece sus funciones, entre las que destaca la de eliminar las toxinas del cuerpo. Es muy adecuado para el tratamiento de insuficiencias hepáticas, porque mejora el aporte sanguíneo y produce un estabilizador para restaurar la presión de la membrana hepática. Además estimula la producción de bilis y su eliminación de la vesícula. Es una planta sumamente interesante para aquellas personas a las que se les ha extirpado la vesícula por el efecto de estabilización que produce en el hígado. Además tiene ligeras propiedades para bajar la fiebre y subir ligeramente la tensión, aunque es para el hígado para el que constituye uno de los más valiosos aliados. Entre otras sustancias benefactoras para el cuerpo, el cardo mariano es rico en silimarina, que se puede obtener en las farmacias en preparados como Arkocápsulas o Legalón y en herbolarios, donde son muy conocidas los preparados de Soria Natural.
Bibliografía: Juan Montejo en Setas y plantas útiles en su entorno natural nº 13, marzo de 1999.
Carlos Rojas Hierbas y plantas medicinales, Colección Cosmos, Edimat 1998.